Edificios de oficinas en EE.UU. pierden hasta el 94% de su valor

Los espacios sin propósito tienen precio de liquidación

Ángel Serrano explica qué revela la crisis del mercado de oficinas en EE.UU. sobre cómo gestionamos el valor real del espacio de trabajo

edificio corporativo

Los edificios que nadie quiere son el espejo de las organizaciones que nadie entiende

Hay una imagen que no me sale de la cabeza.

Un inversor compra un edificio de oficinas de 48.500 metros cuadrados en Chicago por 4 millones de dólares. Hace una década, ese mismo edificio valía 68 millones. Un descuento del 94%. Y su plan no es convertirlo en oficinas más modernas, ni en un coworking, ni en ninguna variación del mismo modelo que lo arruinó.

Va a producir frutas y verduras con sistemas hidropónicos.

A esta imagen se le suma la del edificio Flatiron de Nueva York. Uno de los iconos más reconocibles de la arquitectura moderna, construido en 1902 en el cruce de la Quinta Avenida y Broadway. Cerrado desde 2019, después de que Macmillan Publishers lo abandonara.

5 años de disputas legales, subastas fallidas y bloqueo entre socios. La salida elegida: 38 residencias de lujo, con precios que van de los 11 a los 58,5 millones de dólares por unidad. Un edificio cuyo único fin eran oficinas hoy está destinado a ser la residencia de unos pocos.

Son 2 respuestas distintas a la misma pregunta: ¿para qué sirve este espacio hoy? Una es creatividad genuina. La otra es especulación de lujo. Pero las 2 confirman lo mismo: el modelo de oficina heredado, sin propósito renovado, no tiene mercado.

Esa es la fotografía más honesta del momento que vivimos. Cuando el precio de un espacio refleja lo que vale para la forma en que hoy trabajamos, lo que emerge es otra cosa completamente distinta a la oficina.

El mercado de oficinas en EE.UU. en muchas zonas está en caída libre

Durante años, propietarios, inversores y prestamistas hicieron exactamente lo que hacen muchas organizaciones cuando el talento les señala que algo no funciona: ignorarlo, aplazarlo, esperar a que la realidad cambiara de opinión.

No cambió. El trabajo híbrido fue la revelación de algo que el talento sabía desde mucho antes de la pandemia: que la presencia obligatoria sin propósito es tiempo robado. Y cuando la gente tuvo la oportunidad de no aceptarlo, dejó de hacerlo.

Lo que me interesa de esta historia es lo que revela sobre cómo hemos gestionado el espacio.

Hemos tratado los m² como contenedores inertes. Espacios neutros que el trabajo ocupa por defecto. Durante años, hemos hablado de ocupación, metros y puestos, pero hemos mirado poco la experiencia que generan, las interacciones que activan, el valor que aportan y el retorno que ofrecen al talento que los habita.

Por eso el mercado inmobiliario demuestra que los contenedores sin propósito tienen precio de liquidación.

Las organizaciones que hoy siguen gestionando sus espacios con la misma lógica de 2019 están construyendo exactamente eso: un activo que se deprecia. En el mercado inmobiliario y en la experiencia del talento.

Y aquí está la contradicción que más me preocupa: muchas organizaciones monitorean accesos, controlan asistencia, miden días presenciales. Pero no miden lo que importa. No analizan si esas horas generaron algo. No saben si el talento que entró por la puerta salió habiendo progresado en algo, habiendo conectado con alguien, habiendo aprendido o enseñado algo que no podría haber ocurrido de otra manera.

«Lo que no se mide no se puede mejorar. Y lo que no mejora acaba perdiendo el 94% de su valor.»

Hay también algo que me parece esperanzador en esta historia. Cuando el precio refleja lo que el espacio puede ofrecer hoy, aparece creatividad genuina. Un edificio de oficinas vacío en Chicago se convertirá en un hub de agricultura hidropónica. Edificios gubernamentales se reconvierten en vivienda.

El espacio no desaparece: encuentra un propósito que justifica su existencia.

Eso es lo que deberían estar haciendo las organizaciones con sus espacios. No defender m² heredados. Preguntarse, con honestidad y con datos, para qué sirven.

La respuesta no puede ser "para que la gente trabaje aquí porque así siempre lo hemos hecho." Esa hipótesis ya tiene precio de mercado: entre 4 y 5 millones sobre 68 o 176.

La respuesta tiene que ser otra. Más concreta y exigente. Un espacio que el talento elige porque lo que ocurre ahí no ocurre en ningún otro lugar.

En zityhub llevamos años ayudando a organizaciones a construir esa respuesta. No con intuiciones. Con datos de comportamiento, análisis de ocupación real, medición del retorno de cada actuación. Transformamos el espacio en inteligencia porque la oficina que sobrevive no es la más grande, ni la más bonita, ni la mejor ubicada. Es la que tiene un propósito vivido, no pegado en la pared.

Los edificios vacíos de Chicago y Denver no son el fracaso del trabajo híbrido. Son el coste de no haber confiado en el talento a tiempo. Y de haber confundido presencia con progreso.

Fuente: Jacob, M.K. (7 de abril de 2026). Office towers plunge up to a whopping 95% off amid fire sale. New York Post; MSN/Newsmax (2026). US office buildings sell at record 90% discounts amid distress. Green Street Advisors, citado en New York Post, abril 2026. La nueva vida del Flatiron: de oficinas a viviendas de lujo. El Confidencial.

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